-¿Crees que la caída de Maduro produzca un éxodo de venezolanos de vuelta a su país o, por el contrario, el plan de retorno no va a ser fácil a partir de su arraigo en Chile y una transición en Venezuela que hasta ahora aparece incierta?
-Depende enteramente de los incentivos, tanto en origen como en destino. Si en Venezuela se retoma un régimen no chavista y se genera una esperanza real de seguridad y oportunidades, el deseo de retorno se activará. Pero esto debe ir acompañado de un cambio en las condiciones en Chile.
Hoy, un extranjero en situación irregular en nuestro país accede a innumerables privilegios: tienen prioridad en el acceso a jardines infantiles (JUNJI), hay más de medio millón en Fonasa cotizando $0, acceden a Clave Única sin tener cédula de identidad y enfrentan un riesgo mínimo de expulsión por falta de voluntad política. Si Chile mantiene esos incentivos perversos a la irregularidad, el retorno será lento. Si cambiamos la mano y Venezuela se estabiliza, veremos un flujo de salida.
-¿Qué condiciones mínimas tendrían que darse en Venezuela (seguridad, empleo, garantías políticas) para que un porcentaje relevante de los más de 700 mil venezolanos en Chile se plantee volver?
-Lo primero es la seguridad física y jurídica: que no te metan preso o te maten por pensar distinto o por intentar emprender. Lo segundo es la estabilidad económica básica; nadie va a volver a un lugar donde el sueldo no alcanza para comer. La expectativa de la transición es clave: si perciben que viene una democracia liberal y no un “chavismo light”, la diáspora, que en su mayoría es antichavista, considerará seriamente reconstruir su país.
-¿Qué tipo de venezolano ves más dispuesto a regresar: el irregular con miedo a expulsiones, el que no logró insertarse económicamente o el que tiene familia dividida entre Chile y Venezuela?
-El que está en situación más precaria. Aquellos que ingresaron clandestinamente y no han logrado insertarse en el mercado formal son los primeros candidatos, siempre y cuando se les facilite la salida. Muchos de ellos tienen visa o facilidades para entrar a Colombia, pero están atrapados en Chile por falta de recursos o trabas burocráticas. Si se genera esperanza allá, y acá se acaba la tolerancia con la ilegalidad, ese grupo es el primero que buscará volver.
-Cuando se habla de corredor humanitario algunos lo imaginan como una puerta giratoria. ¿Qué diseño institucional lo haría útil para Chile?
-Debe ser un “Plan de Salida Segura”, no una puerta giratoria. El diseño institucional debe enfocarse exclusivamente en facilitar la logística de salida y potencialmente eliminar las multas administrativas para quienes abandonen voluntariamente el país, con la condición de que establece la ley de una prohibición de reingreso por un periodo determinado (10 años). No se trata de abrir la frontera para que entren y salgan, sino de coordinar con países vecinos (Perú, Ecuador, Colombia) el tránsito expedito de quienes retornan a una Venezuela liberada. A su vez, yo exploraría la opción de la ruta Bolivia-Brasil-Venezuela, dado que estos países no le piden visa a los ciudadanos venezolanos para entrar a sus países.
-¿Cómo puede impactar en términos migratorios para el futuro de gobierno de Kast la inestabilidad política en Venezuela, con un gobierno de Trump empeñado en gobernar el país en un tiempo que hasta ahora no se conoce?
-Un gobierno de José Antonio Kast, por las señales entregadas, se enfocará en la soberanía y el orden interno, independientemente de la volatilidad externa. La inestabilidad en Venezuela siempre es un riesgo, pero Chile no puede depender de lo que haga o deje de hacer Trump para controlar sus fronteras. La clave será fortalecer el control fronterizo real con infraestructura física, tecnológica y una respuesta rápida para enviar una señal clara: Chile ya no es destino para la migración irregular y no hay privilegios para quien ingrese clandestinamente, sea cual sea la situación en Caracas.
-Escribiste que “después de las acciones de ayer, he leído con sorpresa a quienes hoy se rasgan las vestiduras por el ‘Derecho Internacional’ y el ‘imperialismo’ defendiendo el status quo”. ¿A quiénes te refieres?
-Me refiero a los moralistas del derecho y a los sectores anti-EE. UU. que prefieren la “pureza” de las normas aunque eso signifique perpetuar una tiranía.
-¿En qué sentido?
-Maduro no era Presidente, era un usurpador. El argumento de la “soberanía” se cae cuando quien ostenta el poder lo hace a través del fraude electoral comprobado. Maduro usurpó el poder desconociendo la voluntad popular. Bajo la doctrina de la Intervención por Invitación, si las autoridades legítimas electas solicitan auxilio, no estamos ante una invasión, sino ante una liberación. La soberanía reside en el pueblo, no en el carcelero que los tiene encerrados.
Además, no fue una guerra, fue una operación policial. Dejemos de tratar al régimen chavista como un Estado convencional. Maduro exporta criminalidad (Tren de Aragua), droga y desestabilización a toda la región. Bajo la Convención de Palermo y el principio de Legítima Defensa, los países vecinos tienen derecho a neutralizar una amenaza híbrida. Cuando un Estado actúa así, capturar a su líder requerido por tribunales es ejecución de justicia, no conquista.
-La violación del derecho internacional es un factor que han destacado otros países, como la declaración que firmó este domingo el gobierno de Boric con Brasil, Colombia, México, Uruguay y España.
Existe el fetichismo de la inacción. Critican la intervención porque “rompe reglas”, pero ¿de qué sirven reglas que permiten genocidios en cámara lenta? El Precedente de Kosovo nos enseñó que una acción puede ser técnicamente cuestionada en el Consejo de Seguridad, pero moralmente legítima y necesaria. Preferir la inacción de la ONU, que lleva 60 años “observando” violaciones en Cuba o Nicaragua sin lograr casi nada, es condenar a los venezolanos a la miseria eterna.
Al final, les cae mal Trump. Perfecto. Pero que su odio al mensajero no los lleve a defender al criminal. Acá se arrestó al responsable de desplazar a 8 millones de personas y asesinar a miles. Entre la “paz de los cementerios” de la burocracia internacional y la libertad imperfecta pero real, yo prefiero la libertad.
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